Carta al señor teniente, Guardia Civil

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Isra Álvarez ISRA ÁLVAREZPERIODISTA

 11.04.2017 -Vaya por delante que escribo esta carta, señor teniente, utilizando la ironía, el sarcasmo y el humor (así, a lo loco, porque esas tres cosas se persiguen mucho hoy día) porque si usara un tono serio habría de incluir palabras como cromañón, cegato, ignorante y machista. Y para qué, que se nos gastan de tanto usarlas. El caso es que ha impulsado usted el expediente a una guardia civil, a una mujer, a un ser raro de esos, a la que se le ocurrió tener la regla estando de servicio en un puesto de vigilancia.

Es que a quién se le ocurre, ya vale de caprichitos femeninos como sangrar todos los meses. Como fue a ponerse una compresa (me jugaría el bocata de mañana a que la palabra compresa a usted le da asco y que copa menstrual le hace tener calambres), usted, según cuenta la guardia, la amenazó y le dijo que no contara milongas y que fuera antes o después de la guardia a eso de evitar empaparse de sangre. Una buena agente habría mirado hacia su útero, habría gritado ¡Alto a la Guardia Civil! y la menstruación se habría acongojado y se habría esperado a un momento más propicio. Pero, ¿sabe qué, señor teniente? Hay que tener muchos y grandes ovarios para ser mujer y entrar en la Guardia Civil, donde las féminas no llegan al 7% del total y donde no son ni un 3% en la escala de oficiales. Hay que tener muchos ovarios para entrar a un cuerpo hecho por y para los hombres, a pesar de que muchos compañeros intenten cambiar eso. Hay que tener muchos ovarios para obedecer y servir y atender al deber cuando te manda un tipo como usted. Y si tienes ovarios, vaya por Dios, te viene la regla una vez al mes. Hace 26 años que las mujeres entraron en la Guardia Civil. No lo asuma todavía, tómese su tiempo, si acaba de pasar, normal que esté usted en shock.

También debería asumirlo su compañero, el que abrió otro expediente a una compañera que se puso un chaleco antibalas propio, pagado por ella y adaptado a la anatomía femenina, en lugar del reglamentario. ¿Que no encajaba el reglamentario en las tetas y la cadera? ¿Y para qué narices quiere las tetas? Vamos por la vida con tetas y queremos excentricidades, como poder sacar el arma o los grilletes, algo que aquella guardia no podía hacer con el chaleco reglamentario. Hay que ver… Como conciliar. Pero esa palabra ya le suena a chino mandarín antiguo. Verá, señor oficial, aquí lo sangrante no es lo de la agente, es lo de usted.

Atentamente, un ciudadano

Ira Álvarez

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